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La alcaldía o como ser Sísifo en el siglo XX

por Rafael Lemus Rubiales, secretario general del PSOE provincial de Badajoz,

Albert Camus decía que para Sísifo era suficiente la lucha de sí mismo hacia las alturas para sentir plenitud en su corazón.

Tras leer en una red social la denuncia del alcalde de Berlanga con tono exasperado una noticia falsa relacionada con su pueblo, la noticia había sido difundida por Canal Extremadura, decidí escribir esta carta laudatoria a esa incomprendida responsabilidad que conlleva una alcaldía.

Cuando se declaró el estado de alarma, el pueblo de Tamurejo, 264 habitantes, sufrió un doble aislamiento, el del estado de alarma y el provocado por la despoblación, no dispone de tiendas y ni casi servicios, por ejemplo, ni frutería, ni guardia civil. En aquellos funestos días solamente había una persona que se convirtió en la persona imprescindible de todo el vecindario. Rosa Araujo, su alcaldesa, no solo se preocupaba por la salud de sus vecinos, sino, además, iba todos los días a los pueblos más cercanos para hacer la compra de frutas y comestibles y repartirlos después por todas las casas de los vecinos, la gran mayoría septuagenarios. Sin olvidar a nadie ofrecía los pocos ordenadores que tenía el ayuntamiento para que los niños y niñas del pueblo pudieran seguir el curso, la mayoría del pueblo carece de buena conexión a internet.

El caso de Rosa es solo un ejemplo de la durísima situación a la que han tenido que afrontar los alcaldes y alcaldesas de la región durante estos meses, a la incertidumbre y el miedo por la salud de sus conciudadanos, se les unía la presión directa de la ciudadanía, quien ve en su regidor municipal el único muro con el que poder lamentarse.

Los alcaldes y las alcaldesas en estos momentos solo piden respeto y ser escuchados. La primera petición es obvia, aunque hemos visto como desde diferentes instancias se ha cargado contra los regidores evidenciando poca empatía. La segunda petición debería ser tenida en cuenta en la actual situación, y es que la covid ha abierto dos grandes brechas en nuestra sociedad, una sanitaria y otra social. De la brecha sanitaria son los sanitarios y virólogos, llamados expertos, los que marcan la ruta, de la brecha social, nuestros expertos deberían ser, entre otros, los alcaldes y las alcaldesas, son ellos quienes están en la primera línea del campo de batalla. Ellos y ellas lidian con el miedo de sus conciudadanos cara a cara, con el hostelero que ve cómo tiene que cerrar su negocio, con las familias que temen que sus hijos se contagien en el colegio y pueda infectar a sus abuelos, confrontan con los desalmados que se saltan cuarentenas y, sobre todo, cargan con la responsabilidad cuando en su pueblo hay algún fallecido por la covid-19.

Ellos y ellas no necesitan aplausos, no esperan palmaditas en la espalda, espaldas encalladas del enorme peso que supone esta roca de Sísifo llamada ayuntamiento. Sirvan estas palabras de Camus a modo de homenaje: «No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, confórmate con agotar el ámbito de lo posible».

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