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Querida Esperanza, votante de Unidos Podemos...

por Francisco Jiménez Araya, militante socialista.

 

He leído tu carta y me he emocionado profundamente porque de alguna manera me he sentido identificado contigo ¡cómo somos la generación de Espinete! Reconozco que, a diferencia de ti, mis lloros a esa edad solían ser primero por el impacto de pedradas en las habituales luchas de calles, y después por el “alpargatazo” de algún adulto que nos recriminaba lo inapropiado de ese juego ¡qué barbaros éramos los de pueblo!

Desde Dublín, también yo añoré a mi familia y a mis amigos, solo que yo opté por no dramatizar el momento y siempre transmití un falso control de la situación que procurara tranquilizar a mis padres; ahí comprobé que las madres tienen poderes paranormales.

Se ve que lo mío viene de familia, porque después de mí emigró mi hermano pequeño, y antes lo había hecho mi abuelo Gabriel. Él no tuvo nuestra suerte Esperanza, partió a Suiza cuando no existía Ryanair ni Skype, cuando el inglés no asomaba por las escuelas, qué digo el inglés, no hacía falta ni asomarse a las escuelas; era el destino de un jornalero que su hijo siguiera siendo jornalero, así había sido siempre ¡pero qué buen jornalero fue mi abuelo Esperanza! Ojalá lo pudieras conocer, te contaría, cómo sacó adelante a su familia viviendo 14 años exiliado, como te lo podría contar también “la” Guadalupe. Entonces no había políticos chorizos, por no haber no había ni partidos políticos, aunque me cuenta que eran muchos los que por defender sus ideas perdieron su vida, lástima que ninguno de los que votarás te lo pueda explicar, más que nada porque no habían nacido como partido, aquella época era cosa de comunistas y socialistas, antiguallas sin importancia para los nuevos partidos de hoy.

Coincido contigo en la importancia de los valores loables que nos transmiten nuestros padres, yo también agradezco eso. Por supuesto que yo no renuncio a trabajar de lo mío, pero aprendí de mi padre que cualquier trabajo dignifica a la persona, por eso cada fin de semana durante muchos años acudía a su taller a lavar coches, me daba 500 pesetas ¡Cuánto me daban de sí esas pesetas! Cuando con los años avancé profesionalmente, él me insistía en que no era necesario ir al taller, para entonces ya era tarde porque me había enseñado a comprometerme, mi padre era mi causa, por su puesto mi madre, y se fueron sumando algunas causas más, la representación estudiantil, los derechos de los jóvenes, los colectivos desfavorecidos… 

Imagino Esperanza que también tú te habrás implicado en todas estas causas desde bien joven, así que sabrás de lo que te hablo. Pero éramos muchos así, había un hijo de lechero que acabó siendo médico, un hijo de camionero se hizo Policía y hasta el hijo de un jornalero se hizo maestro.

Qué suerte hemos tenido Esperanza, qué suerte haber nacido y crecido con esa gran red de seguridad que supone el estado de bienestar, el que forjaron nuestros padres y el que antes habían peleado nuestros abuelos, incluido mi abuelo Gabriel desde su exilio.

Así que yo también puedo decir que me siento orgulloso de ellos, y aunque coincido contigo en no querer cambiar tu voto ni el de nadie, al contrario que tú, voy a votar al Partido Socialista Obrero Español, porque aunque ahora los tachen de viejos, suyos son los mayores logros de la democracia española; procuraron la pensión de mi abuelo, garantizaron la salud mía y la de mis padres y procuraron que , independientemente de lo que rindiese el taller de mi padre, yo tuviese una beca para estudiar en la Universidad si así lo decidía, y lo decidí Esperanza, como lo decidiste tú.

Y aunque puedas pensar que no hace tanto tiempo los socialistas te defraudaron, eso no es óbice para colocar en su haber los mayores logros conseguidos en España desde el 78 a esta parte. ¿Acaso nosotros nunca defraudamos a nuestros padres? Y sin embargo son nuestros padres, los únicos que estarán cuando todo se ponga en nuestra contra.

Hace 36 años y 7 meses me pusieron Paco, pero en el pueblo me llaman Malaca, como a mi padre y como a mi abuelo.

Salud Esperanza!

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